Masters de Canadá: el torneo donde se rompen los pronósticos
¿Quién soy? Pues según mi pasaporte, soy Héctor Núñez y según lo vivido, soy periodista y marketero.
El Masters 1000 de Canadá ocupa un lugar particular dentro del calendario. Su historia está llena de campeones ilustres, pero sus tres ediciones más recientes han consolidado una tendencia diferente: los favoritos llegan con menos margen, el cuadro se abre con rapidez y aparecen protagonistas que pocos contemplaban antes del torneo. La sorpresa se volvió costumbre entre Montreal y Toronto, hasta convertir esta parada en una de las más imprevisibles de la gira norteamericana.
Hablar de finalistas inesperados no significa que sean desconocidos. La clave está en el proceso: ausencias, derrotas prematuras y sectores que pierden rápidamente a sus cabezas de serie. En ese escenario, las jerarquías se comprimen y aparecen oportunidades poco habituales.
Montreal 2024: una transición extrema
La edición de 2024 fue la expresión más clara. Kei Nishikori, entonces número 576 del mundo tras una larga lucha contra las lesiones, derrotó a Stefanos Tsitsipas. Alejandro Davidovich Fokina eliminó al número cinco, Daniil Medvedev. Aquellas victorias dejaron un cuadro completamente abierto para jugadores alejados de los principales pronósticos.
Alexei Popyrin aprovechó mejor la oportunidad. Superó a Ben Shelton, Grigor Dimitrov y Hubert Hurkacz antes de imponerse por 6-2 y 6-4 sobre Andrey Rublev en la final. Llegó como número 62 y salió con su primer Masters 1000 y el puesto 23. Su consagración cambió la escala de una trayectoria con dos títulos ATP anteriores.
Aquella edición tuvo un ingrediente excepcional: los Juegos Olímpicos de París. Muchos tenistas pasaron de la hierba de Wimbledon a la arcilla de Roland Garros y, casi sin margen, viajaron a Canadá para volver a competir sobre pista dura. Tres superficies, dos continentes y numerosas exigencias emocionales en pocas semanas conformaron una transición especialmente agresiva. Los Juegos explican buena parte del caos de 2024, aunque no sirven por sí solos para entender lo sucedido después.
Toronto 2025: un torneo sin sus grandes referencias
En 2025, la inestabilidad tuvo otro origen. Jannik Sinner, Carlos Alcaraz y Novak Djokovic no participaron en Toronto, mientras otras figuras llegaron con desgaste o problemas físicos. La ausencia de los tres nombres que habían dominado buena parte del circuito alteró la percepción del torneo antes de comenzar. El vacío de poder convirtió a cada ronda en una invitación para quienes habitualmente aparecían detrás de ellos.
Alex Michelsen aportó una de las señales al eliminar a Lorenzo Musetti, pero la transformación más importante fue la de Ben Shelton. El estadounidense superó a Álex de Miñaur y Taylor Fritz en las últimas rondas y venció a Karen Khachanov en una final definida en el tie-break del tercer set. Fue su primer título Masters 1000 y lo impulsó hasta el sexto puesto del ranking. Toronto confirmó su madurez competitiva, más que producir una revelación llegada desde el anonimato.
Khachanov ya sabía lo que era ganar un Masters 1000, pero llevaba siete años sin disputar otra final de esa categoría. Shelton nunca había alcanzado esa instancia. Canadá reunió así a dos aspirantes fuera del guion marcado por Sinner, Alcaraz y Djokovic.
Montreal 2026: el patrón deja de parecer casualidad
La edición de 2026 profundizó la tendencia desde sus primeras rondas. Sinner y Djokovic no acudieron, mientras Alcaraz quedó fuera por lesión. Alexander Zverev, Daniil Medvedev, Taylor Fritz, Flavio Cobolli y Andrey Rublev se despidieron temprano, y Félix Auger-Aliassime tuvo que retirarse. De pronto, ningún integrante del Top 5 permanecía en carrera y solamente cuatro de los diez primeros preclasificados seguían en competencia.
Las semifinales reunieron a Shelton, Learner Tien, Brandon Nakashima y Rafael Jódar. Para los tres últimos era su primera aparición en esa ronda de un Masters 1000. Tres años consecutivos de apertura permiten hablar de un patrón con causas diferentes.
¿Por qué Canadá castiga tanto a los favoritos?
La posición del torneo en el calendario es la primera explicación. Wimbledon exige una preparación específica sobre hierba y representa una enorme carga física y mental. Después llega un periodo corto para descansar, viajar y adaptar los movimientos al cemento. Algunos jugadores también disputan Washington, mientras otros aterrizan en Canadá con poca competencia sobre la nueva superficie. La preparación nunca es uniforme, y esa diferencia reduce la distancia entre favoritos y perseguidores.
También pesa la cercanía de Cincinnati y el US Open. Para las figuras, Canadá forma parte de una planificación cuyo objetivo principal suele estar en Nueva York. Una molestia puede aconsejar una baja; para un jugador de menor ranking, el torneo ofrece puntos, dinero y prestigio. La motivación se distribuye distinto según cada participante.
El clima completa la ecuación. El calor, la humedad y las lluvias pueden modificar la velocidad de la cancha, interrumpir encuentros y comprimir el programa. En 2026, por ejemplo, el mal tiempo obligó a reprogramar partidos de cuartos de final. Esos cambios afectan las rutinas de descanso y recuperación y pueden favorecer al jugador que llega con menos desgaste. La adaptación diaria resulta decisiva en un campeonato donde las condiciones no siempre permanecen estables.
Desde 2025, el cuadro ampliado a 96 jugadores y la duración de casi dos semanas introdujeron otra variable. Los preclasificados reciben descanso inicial, pero deben gestionar un torneo prolongado. El formato permite que una revelación construya confianza antes de encontrarse con una figura. El impulso puede crecer ronda a ronda y alterar la lógica del ranking.
¿Qué ocurre después de la sorpresa?
Canadá puede ser un trampolín, pero no garantiza continuidad inmediata. Popyrin lo demostró en 2024: semanas después de su título derrotó a Djokovic en el US Open y alcanzó los octavos de final. Su éxito en Montreal no quedó reducido a siete días excepcionales. La confianza viajó hasta Nueva York y le permitió confirmar que podía competir contra la élite en escenarios mayores.

Shelton también prolongó su buen momento en 2025. Alcanzó los cuartos de final en Cincinnati y encadenó nueve victorias antes de caer ante Zverev. En el US Open avanzó hasta la tercera ronda, donde tuvo que retirarse por una lesión durante su partido contra Adrian Mannarino. Su recorrido mostró la otra cara del fenómeno: el impulso convive con el desgaste cuando Canadá abre una secuencia de torneos importantes sin apenas descanso.
Ese será igualmente el examen para los protagonistas de 2026. Cincinnati medirá su capacidad de recuperación y el US Open determinará si Montreal fue una ventana aislada o el comienzo de una nueva jerarquía. No todos convertirán una gran semana en un salto permanente, pero cada edición demuestra que la oportunidad puede transformar carreras.
El Masters de Canadá no produce sorpresas por una causa misteriosa. Su ubicación reúne fatiga, cambios de superficie, viajes, ausencias, objetivos diferentes y condiciones variables. Cuando esos factores coinciden, el ranking pierde parte de su poder predictivo. Por eso, entre Montreal y Toronto, esperar lo inesperado dejó de ser una frase hecha para convertirse en una de las señas de identidad del torneo.
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