Checo Pérez: Un icono con legado histórico en la F1
¿Quién soy? Pues según mi pasaporte, soy Héctor Núñez y según lo vivido, soy periodista y marketero.
La historia de la Fórmula 1 suele contarse a través de sus campeones. Fangio, Senna, Schumacher, Hamilton o Verstappen representan la cima de un deporte en el que levantar el Mundial parece marcar la frontera entre los grandes y el resto. Sin embargo, existen trayectorias que obligan a mirar más allá de los títulos. Sergio “Checo” Pérez ha construido una de ellas: seis victorias, 39 podios, tres poles y un subcampeonato mundial sin haber necesitado coronarse campeón para dejar huella.
A sus 36 años, el mexicano sigue formando parte de la parrilla. Tras quedarse sin asiento al finalizar su etapa con Red Bull en 2024 y pasar 2025 fuera de la competición, regresó en 2026 para afrontar un desafío completamente diferente con Cadillac. A 14 de septiembre suma 294 Grandes Premios inscritos en su trayectoria. Su carrera todavía está en marcha, pero su lugar dentro de la historia del automovilismo mexicano ya tiene un peso propio.
De Guadalajara a abrirse camino en la Fórmula 1
Nacido en Guadalajara en 1990, Pérez comenzó a competir desde niño y muy pronto tuvo que alejarse de México para perseguir el sueño europeo. Con apenas 14 años se marchó a Alemania para correr en la Fórmula BMW, una apuesta que reflejaba la dificultad del camino que tenía por delante.
En 2011 debutó en Fórmula 1 con Sauber y se convirtió en el primer mexicano en competir en la categoría en más de tres décadas. Un año después comenzó a llamar seriamente la atención con tres podios, logrados en Malasia, Canadá e Italia.
McLaren apostó por él para 2013, pero la aventura solamente duró una temporada. Lejos de desaparecer de la parrilla, Checo encontró refugio en Force India y posteriormente Racing Point. Allí pasó de ser una promesa a convertirse en uno de esos pilotos capaces de sacar resultados inesperados de un monoplaza de media tabla.
Adelantamientos y una sensibilidad especial con los neumáticos
Checo desarrolló una identidad muy reconocible al volante. Su gestión de neumáticos se convirtió en una de las grandes señas de su carrera, especialmente en una Fórmula 1 en la que controlar la degradación podía transformar completamente una estrategia.
Su capacidad para mantener ritmo durante tandas largas permitió a sus equipos prolongar paradas y buscar alternativas que otros pilotos no podían ejecutar con la misma facilidad. No se trataba únicamente de conducir despacio para conservar las gomas, sino de mantenerlas vivas mientras seguía produciendo tiempos competitivos.
Esa paciencia contrastaba con otra característica de Pérez: su determinación para adelantar. Capaz de pelear rueda a rueda y abrirse paso desde posiciones retrasadas, Checo combinó durante años el cuidado de neumáticos con una agresividad especialmente visible los domingos.
Su primera victoria representa perfectamente esa mezcla. En Sakhir 2020 cayó hasta la última posición después de un incidente en la primera vuelta. Lejos de dar la carrera por perdida, remontó hasta conseguir su primer triunfo en Fórmula 1.
Checo, especialista en las calles
Si existe un tipo de escenario especialmente asociado con Pérez son los circuitos urbanos. Cinco de sus seis victorias en Fórmula 1 llegaron en trazados urbanos o temporales: Azerbaiyán 2021, Mónaco 2022, Singapur 2022, Arabia Saudita 2023 y nuevamente Azerbaiyán en 2023.
Solamente su victoria inaugural en Sakhir queda fuera de ese grupo. Bakú terminó convirtiéndose en territorio particularmente especial: en 2023, Checo fue el primer piloto que consiguió ganar dos veces el Gran Premio de Azerbaiyán.
No parece una simple coincidencia. En esta clase de circuitos, la precisión en las frenadas, la confianza entre los muros, la tracción y la capacidad para conservar los neumáticos pueden resultar determinantes. Son características que encajaron de forma natural con el estilo del mexicano.
Red Bull y el salto definitivo a un equipo ganador
La victoria de Sakhir llegó en un momento en el que Pérez ni siquiera tenía garantizada su continuidad en Fórmula 1. Sin embargo, aquella actuación ayudó a abrirle la puerta más importante de su trayectoria: Red Bull lo contrató para la temporada 2021.
El cambio fue enorme. Después de años peleando principalmente en la zona media, Checo pasó a disponer de un monoplaza capaz de ganar Grandes Premios y campeonatos, pero también tuvo que compartir equipo con Max Verstappen.
Con Red Bull consiguió cinco de sus seis triunfos: Bakú en 2021; Mónaco y Singapur en 2022; y Arabia Saudita y Bakú en 2023. Además, formó parte del equipo que conquistó los campeonatos de constructores de 2022 y 2023.
Su etapa también estuvo marcada por momentos en los que desempeñó un importante trabajo colectivo, además de sus resultados individuales. Pero competir junto a Verstappen elevó la exigencia hasta un nivel extraordinario y las diferencias de rendimiento acabaron pesando especialmente durante 2024.
2023, el año del subcampeonato
El punto más alto de Checo en la clasificación del Mundial llegó en 2023. Pérez comenzó aquella temporada con dos victorias en las primeras cuatro pruebas, imponiéndose en Arabia Saudita y Azerbaiyán.
Al final del campeonato, terminó segundo con 285 puntos, únicamente por detrás de su compañero Verstappen, que acumuló 575. Lewis Hamilton fue tercero con 234. Checo se convirtió así en subcampeón mundial de pilotos y Red Bull consiguió el primer 1-2 de su historia en la clasificación final.
No pudo convertir aquella oportunidad en una pelea sostenida por el título, pero el resultado sigue ocupando un lugar central en su palmarés. Ser segundo del mundo constituye el techo alcanzado hasta ahora por el piloto de Guadalajara.
Cadillac y la capacidad de volver
Su salida de Red Bull al finalizar 2024 parecía incluso capaz de poner punto final a su trayectoria en Fórmula 1. Pérez pasó todo 2025 fuera de la parrilla, pero Cadillac apostó por su experiencia para el debut de la escudería estadounidense en 2026, formando pareja con Valtteri Bottas.
El regreso añadió otra dimensión a su historia. Ya no volvió para disponer inmediatamente de un carro ganador, sino para participar en la construcción de un proyecto desde sus primeros pasos. Los resultados de Cadillac en su temporada de estreno han sido modestos y Checo todavía no ha añadido nuevos podios o victorias a sus registros históricos.
Sin embargo, su retorno después de un año apartado vuelve a conectar con una constante de su trayectoria: la capacidad de mantenerse, adaptarse y encontrar otra oportunidad cuando parecía que una puerta se cerraba.
Un legado que no se mide solamente en campeonatos
Checo nunca ha sido campeón mundial de pilotos. Pero reducir su carrera a ese cero sería ignorar todo lo que ocurrió alrededor. Llegó desde México cuando el país llevaba más de tres décadas sin representación en una parrilla de Fórmula 1, sobrevivió durante años en equipos de media tabla, ganó cuando parecía quedarse sin asiento, llegó a Red Bull y terminó siendo subcampeón del mundo.
También transformó la relación de México con la categoría. En 2021 se convirtió en el primer mexicano que subió al podio en el Gran Premio de su país, mientras su figura ayudaba a convertir cada visita de la F1 a Ciudad de México en una celebración alrededor del número 11.
Los campeonatos son la medida más evidente de la grandeza, pero no la única. Un legado también se construye con permanencia, obstáculos superados, carreras memorables y la capacidad de cambiar la percepción que todo un país tiene de un deporte.
A 14 de septiembre de 2026, Checo Pérez continúa compitiendo y su casillero de Mundiales permanece en cero. Su importancia para la Fórmula 1, en cambio, hace tiempo que dejó de poder resumirse con ese número.