Llega el ‘play in’ de la NBA: ¿Qué es y en qué influye?
¿Quién soy? Pues según mi pasaporte, soy Héctor Núñez y según lo vivido, soy periodista y marketero.
Durante décadas, la recta final de la temporada regular de la NBA solía estar marcada por un patrón predecible y, hasta cierto punto, monótono. Para cuando llegaba el mes de abril, las posiciones en la clasificación estaban prácticamente decididas. Los equipos de élite descansaban a sus estrellas pensando en las eliminatorias, mientras que las franquicias de la parte baja de la tabla dejaban pasar los partidos con la mirada puesta en la lotería del Draft. Faltaba emoción, faltaba urgencia.
Sin embargo, en un esfuerzo continuo por mantener la atención del espectador hasta el pitido final, la liga de baloncesto más espectacular del mundo orquestó una de las modificaciones estructurales más importantes de su historia: la introducción del torneo de ‘play in’.
A continuación, analizamos a fondo este formato que ha transformado el ecosistema baloncestístico estadounidense, desgranando qué es, quiénes lo disputan, qué beneficios aporta al espectáculo y por qué el factor cancha se ha convertido en el juez más implacable de esta batalla.
¿Qué es el torneo de ‘play in’ y cómo nació?
El ‘play in’ es un mini-torneo de eliminación a disputar en la semana que sirve como puente entre el final de los 82 partidos de la temporada regular y el inicio tradicional de los Playoffs. Es, en esencia, un purgatorio baloncestístico; una última oportunidad para aquellos equipos que no han sido lo suficientemente regulares como para asegurar una plaza directa en la postemporada, pero que han demostrado el nivel necesario para pelear por un billete de última hora.
Implementado por primera vez de forma rudimentaria en la burbuja de Orlando en 2020 como una solución de emergencia debido a la pandemia del COVID-19, el comisionado Adam Silver vio en este formato un potencial extraordinario. En la temporada 2020-2021, la estructura se formalizó y pasó a ser un pilar permanente del calendario, cambiando para siempre las matemáticas de la clasificación. Históricamente, los ocho primeros equipos de cada conferencia pasaban a Playoffs. Hoy, solo los seis primeros tienen ese lujo garantizado.
La mecánica: ¿Qué equipos participan y cómo funciona?
El funcionamiento del ‘play in’ es una auténtica obra maestra de la tensión deportiva. En él participan los equipos que finalizan la temporada regular ocupando las posiciones séptima, octava, novena y décima tanto en la Conferencia Este como en la Conferencia Oeste. Estos cuatro conjuntos entran en un formato de vida o muerte para repartirse únicamente dos billetes (el de 7º y el de 8º clasificado) para el cuadro final de los Playoffs.
La mecánica se estructura en tres encuentros definitivos por conferencia, diseñados para premiar el rendimiento de la fase regular.
El duelo de la doble oportunidad (7º contra 8º)
El séptimo clasificado recibe en su estadio al octavo. El vencedor de este choque obtiene automáticamente su billete y se clasifica a los Playoffs como el seed número 7. El perdedor no queda eliminado, sino que pasa a jugar un partido de repesca.
El duelo de eliminación directa (9º contra 10º)
Simultáneamente, el noveno recibe al décimo. Aquí no hay red de seguridad. Quien pierde, se despide de la temporada inmediatamente y se marcha de vacaciones. El ganador sobrevive para luchar un día más.
El partido definitivo por el último billete
El perdedor del primer encuentro (el que enfrentó al 7º y al 8º) recibe en su cancha al ganador del choque a vida o muerte (el duelo entre el 9º y el 10º). Quien resulte victorioso aquí, se lleva el codiciado octavo puesto y entrará a los Playoffs para enfrentarse al mejor equipo de su conferencia. El perdedor cierra su temporada.
Las ventajas y los beneficios: el antídoto contra el conformismo
La instauración del ‘play in’ ha traído consigo una cascada de beneficios incalculables, tanto a nivel deportivo como financiero. La ventaja competitiva más aplaudida es la erradicación casi total del tanking extremo (la práctica de perder partidos a propósito para mejorar la posición en el Draft) en los meses de marzo y abril. Ahora, un equipo que marcha undécimo a falta de 20 partidos todavía ve factible escalar al décimo puesto, lo que mantiene vivas las esperanzas de aficiones enteras, llenando pabellones y sosteniendo las audiencias televisivas.
Para la liga y las cadenas que poseen los derechos de retransmisión, el ‘play in’ es oro puro. La NBA ha logrado replicar a nivel profesional la magia y el dramatismo del «March Madness» del baloncesto universitario (NCAA). En una competición acostumbrada a decidirse en series largas al mejor de siete partidos, la crudeza de que estrellas mundiales se jueguen el trabajo de todo un año en solo 48 minutos genera unas narrativas mediáticas de proporciones épicas. A nivel financiero, esto se traduce en cuotas de pantalla estratosféricas, picos de interacción en redes sociales y la venta de entradas a precios exorbitantes por el simple hecho de que cada noche puede ser la última.
El peso del ‘Home Court Advantage’ (Factor Cancha)
Dentro del complejo engranaje de este torneo, el elemento que desequilibra la balanza de manera dramática es el ‘Home Court Advantage’ o ventaja de campo. La NBA diseñó esto a conciencia para no igualar a los cuatro equipos, sino para premiar de forma justa a quienes trabajaron más duro de octubre a abril. La diferencia entre ser el séptimo clasificado o el décimo es abismal, y la clave reside en dónde se juega.
El equipo que termina séptimo es el gran privilegiado. Solo necesita ganar un partido de dos posibles para clasificarse, y, lo que es crucial, los dos posibles encuentros los disputa como local. Cuenta con el apoyo incondicional de su público, la acústica familiar de sus aros y duerme en sus propias camas.
El octavo clasificado también tiene el margen de error de dos oportunidades, pero debe jugar el primer partido a domicilio. Si pierde, el partido definitivo sí lo jugará al amparo de su hogar frente al equipo que sobreviva de la parte baja.
Por el contrario, el camino del noveno y el décimo es una travesía por el desierto. Están obligados a ganar dos partidos consecutivos para entrar en los Playoffs, sin margen de error. El noveno clasificado, por méritos propios, disputa su primer partido de supervivencia en casa. Pero el escenario del décimo es de una hostilidad absoluta: debe ganar el primer encuentro a domicilio y, de sobrevivir, debe coger un avión de inmediato para ir a jugar el partido decisivo en el estadio del perdedor del duelo entre el 7º y el 8º.
El peso de jugar en casa en un partido eliminatorio va mucho más allá del aliento de la grada. Evitar el desgaste de los viajes cruzando zonas horarias, el cambio de rutinas o las noches de hotel es vital. A nivel estadístico y psicológico, los jugadores de rol —aquellos que no son las grandes estrellas— suelen tener porcentajes de acierto notablemente superiores cuando juegan bajo la confianza de su propio techo. En un formato tan efímero y cruel como el ‘play in’, el factor cancha dicta sentencia.
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