Holanda y las selecciones que nunca ganaron un Mundial

Las grandes selecciones que nunca ganaron un Mundial

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Hector Nuñez

¿Quién soy? Pues según mi pasaporte, soy Héctor Núñez y según lo vivido, soy periodista y marketero.

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La Copa del Mundo es el trofeo más deseado del fútbol y, al mismo tiempo, uno de los más difíciles de conquistar. A lo largo de la historia, muchas selecciones nacionales lograron construir equipos memorables, revolucionaron tácticas, marcaron épocas y produjeron futbolistas legendarios, pero jamás consiguieron levantar el trofeo máximo. Algunas quedaron a las puertas en finales inolvidables; otras fueron víctimas de generaciones irrepetibles.

Hablar de los grandes equipos sin Mundial es recorrer buena parte de la historia del fútbol moderno. Desde la Holanda del “fútbol total” hasta la Hungría mágica de los años cincuenta, pasando por Portugal, España antes de 2010 y Colombia en distintas generaciones, estas selecciones dejaron una huella imborrable aun sin coronarse campeonas. En muchos casos, incluso transformaron la manera de entender el juego y fueron admiradas más allá.

Holanda y la tragedia de las finales perdidas

La historia de Holanda en los Mundiales está marcada por el brillo futbolístico y la frustración. El punto de partida de su leyenda llegó en Alemania 1974, cuando Johan Cruyff lideró una revolución táctica conocida como “fútbol total”. Bajo la conducción de Rinus Michels, los neerlandeses cambiaron la lógica del juego: todos atacaban, todos defendían y las posiciones eran intercambiables. Más que un equipo, parecían una maquinaria perfecta.

En aquel Mundial, Holanda maravilló al planeta con actuaciones históricas frente a Argentina y Brasil. Cruyff se convirtió en el símbolo de una generación que dominaba desde la posesión, la presión y la inteligencia colectiva. Sin embargo, la final ante Alemania Federal terminó en derrota por 2-1, en un partido que todavía es recordado como una de las mayores injusticias deportivas para quienes admiraban aquel estilo de juego.

La maldición continuó en 1978, cuando Holanda volvió a alcanzar la final en Argentina. Sin Cruyff, pero todavía con una base de enorme calidad, el conjunto neerlandés cayó ante la selección anfitriona en tiempo suplementario. Décadas más tarde llegaría una tercera oportunidad en Sudáfrica 2010, con Wesley Sneijder, Arjen Robben y Robin van Persie como figuras. Otra vez el sueño terminó en derrota, esta vez frente a España. Tres finales perdidas.

Portugal y generaciones doradas sin recompensa

Portugal tardó varias décadas en convertirse en una potencia estable del fútbol internacional. Su primera gran aparición mundialista llegó en Inglaterra 1966 gracias al extraordinario Eusébio, delantero del Benfica y una de las mayores estrellas del siglo XX. Aquel equipo sorprendió al mundo con un juego ofensivo y espectacular, alcanzando las semifinales antes de caer frente a Inglaterra, que terminaría siendo campeona.

Tras aquella actuación histórica, Portugal desapareció de los primeros planos durante muchos años. Recién a comienzos del siglo XXI volvió a construir una generación capaz de competir contra cualquiera. Con Luis Figo, Rui Costa y Deco como líderes futbolísticos, el país vivió una etapa de enorme crecimiento. El punto más alto llegó en Alemania 2006, cuando alcanzó nuevamente las semifinales, aunque Francia frustró el sueño lusitano.

La era de Cristiano Ronaldo elevó todavía más las expectativas. Considerado uno de los mejores futbolistas de todos los tiempos, el delantero llevó a Portugal a conquistar la Eurocopa 2016 y la Nations League, pero el Mundial siguió siendo una deuda pendiente. Ni en 2018 ni en 2022 pudo acercarse realmente al título. La paradoja portuguesa es evidente: tuvo dos generaciones históricas y algunos de los mejores jugadores del planeta, pero jamás logró más.

España antes de 2010: una potencia que tardó en despertar

Hoy resulta difícil imaginarlo, pero durante gran parte del siglo XX España fue considerada una selección decepcionante en los Mundiales. El país contaba con una liga poderosa y clubes dominantes en Europa, aunque ese potencial rara vez se trasladaba al escenario internacional. Antes de conquistar Sudáfrica 2010, la selección española acumulaba décadas de frustraciones y eliminaciones inesperadas.

Su primera gran actuación había ocurrido en Brasil 1950, cuando terminó en el cuarto puesto con figuras como Telmo Zarra. Sin embargo, durante las décadas siguientes el equipo alternó clasificaciones y ausencias mundialistas sin lograr continuidad. Ni siquiera la generación de Emilio Butragueño y Míchel en los años ochenta pudo romper la barrera psicológica de los cuartos de final.

En los noventa y comienzos de los 2000, España volvió a reunir futbolistas extraordinarios. Raúl, Fernando Hierro, Pep Guardiola y posteriormente Xavi Hernández e Iker Casillas integraron equipos que parecían destinados al éxito. Aun así, siempre aparecía una eliminación dolorosa: penales, errores arbitrales o partidos inesperados dejaron a España con la etiqueta de selección “pecho frío”. Recién en 2010 esa historia cambió para siempre, pero era un gran templo.

Colombia y el sueño de las generaciones doradas

La historia de Colombia en los Mundiales está profundamente ligada a dos generaciones que despertaron enorme ilusión en América Latina. La primera alcanzó notoriedad en los años noventa con jugadores como Carlos Valderrama, Freddy Rincón, Faustino Asprilla y René Higuita. El equipo dirigido por Francisco Maturana practicaba un fútbol técnico y ofensivo que enamoró a millones de aficionados.

El punto culminante de aquella generación llegó en las eliminatorias rumbo a Estados Unidos 1994. La histórica goleada 5-0 sobre Argentina en Buenos Aires hizo pensar que Colombia podía competir seriamente por el título mundial. Sin embargo, el torneo terminó siendo una enorme decepción. Eliminados en la fase de grupos y marcados por un contexto de presión extrema, los colombianos vieron derrumbarse un sueño que parecía posible.

Dos décadas después apareció una nueva camada liderada por James Rodríguez, Radamel Falcao y Juan Cuadrado. En Brasil 2014, Colombia realizó el mejor Mundial de su historia y alcanzó los cuartos de final jugando un fútbol dinámico y ofensivo. James fue el goleador del torneo y se convirtió en la gran revelación del campeonato. Aunque la eliminación ante Brasil frenó el avance cafetero, aquella selección confirmó que Colombia había logrado consolidarse.

El legado eterno de los campeones sin copa

El fútbol suele recordar principalmente a quienes levantan trofeos, pero muchas veces las selecciones más influyentes no son necesariamente las campeonas. Holanda revolucionó la táctica moderna, Hungría cambió la manera de atacar, Portugal produjo figuras eternas, España tardó décadas en encontrar su identidad y Colombia dejó generaciones inolvidables para América Latina. Todas compartieron un mismo destino: estar muy cerca de la gloria sin alcanzarla.

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